Crónica de un largo viaje al centro del recuerdo

RESEÑA EN TIEMPO ARGENTINO

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Por Malena Winer


Todos solemos recordar momentos importantes de nuestra vida de distinta forma. Lo hacemos a través de un olor, una canción, un lugar o una película. Cada uno es un camino diferente pero todos con el mismo objetivo: ayudarnos a reconstruir el pasado, especialmente cuando de la infancia se trata. Los itinerarios de la memoria pueden trasladarnos a un aula de la escuela primaria, al patio de la casa de una tía, a la cocina de la abuela o a la plaza, del barrio o el pueblo, en uno de esos paseos obligados de los domingos. Pero Florencia Werchowsky eligió otro escenario para evocar sus primeros años de vida: el hotel alojamiento que regenteaba su papá en un pueblo del sur de la Argentina. Así construyó su reciente novela El telo de papá (Reservoir Books Mondadori). Pero, ¿qué es un “telo” para una chica que transita tercer grado? ¿Qué es lo que hacía su papá? “Entendía sin verbalizar. En casa me habían enseñado que, si alguien me preguntaba de qué trabajaba mi papá, yo tenía que decir ‘comerciante’ y con eso alcanzaba.”


Y es verdad, alcanzó para sobrevivir en la escuela, en el pueblo y con los amigos. Pero hubo un momento en el cual el mundo se dividió. “Hablaban de mi papá pero no de mí, en general. Me obligaban a pensar en eso que me daba lo mismo, cada vez más me obligaban, hasta que un día no me dio más lo mismo. Hasta que un día me gritaron ‘andá al telo de tu papá, puta’, cuando tenía ocho años.” Y ese día no hubo más paraíso. Ya no hubo forma de recuperar la inocencia y retornar a la candidez de un papá comerciante y volver a ser la nena que en las visitas al trabajo de su padre hacía un juego: “Yo iba al telo de mi papá todos los días. Él me decía ‘vamos al hotel a buscar un papel’ o ‘vamos al telo a buscar un papelo’ y yo me reía.”  Las risas de los juegos paternos fueron mutando a las risotadas de la vida con pares en la adolescencia, y más tarde, se apagaron para dar paso al bautismo y el pasaje a la vida adulta. Las caminatas lentas y contemplativas en el paisaje boscoso del territorio patagónico se convirtieron en urbanas y rápidas, para no llegar tarde a las clases de ballet en el Teatro Colón. Y en conjunto, las del pasado y las actuales, confluyen para armar de El telo de papá, una novela que, como un memotest personal, da cuenta de lo difícil, pero a la vez divertido y necesario, que es despedirse de la infancia y de la ingenuidad, con la certeza y convicción de que es posible seguir vivo.

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