Entrevista en Agencia Nº22

Tapa

Vivir en un Telo es muy particular, pero al mismo tiempo la protagonista del libro, y la propia Florencia Werchowsky intentó imaginar una vida distinta a la que se escuchaba entre las paredes del negocio de su padre


Por Marcos Daniel Aguilar


En la Patagonia, Telo significa Hotel, pero no cualquier hotel, sino uno de paso, un lugar para encuentros sexuales. ¿Qué pasa cuando ese territorio ambiguo y oscuro es administrado por el propio padre? Esta es la pregunta que Florencia Werchowsky releva en su primera novela, El telo de papá.


“Yo me crié en un Telo. El Telo de papá existe en la vida real. Yo soy la hija del dueño del Telo del pueblo. Entonces venció contacto anécdotas una más reales que otras desde que soy chica y con ese gran basto anecdotario que fui construyendo a lo largo de los años, en algún momento, tenía que materializarse en algo real y se materializó en el Telo de papá”.


Vivir en un Telo es muy particular, pero al mismo tiempo la protagonista del libro, y la propia Florencia Werchowsky intentó imaginar una vida distinta a la que se escuchaba entre las paredes del negocio de su padre.


“Viví siempre en un estado de excepción, ser la hija del dueño del Telo del pueblo te ubica socialmente en un lugar muy particular, con eso venían ciertas ventajas y ciertas desventajas y era muy divertido, pero no era tan extraño para mi porque era el negocio de mi papá, entonces yo lo acompañaba, él hacía sus cosas y eso y yo recorría alegremente los pasillos de las habitaciones tocando todo, oliendo todo, y jugando a las cosas a las que podía jugar ese escenario tan particular para una niña. Tratando de hacer coincidir los gritos y los gemidos que se escuchaban detrás de las paredes con algunas historias que fuesen de princesas y caballeros y para nada de lo que eran en realidad”.


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