La bailarina que no tiene la palabra cercenada

Por Constanza Bertolini / Diario La Nación


La imagen de “El charco de los cisnes” es la más perfecta síntesis para referirse a Las bailarinas no hablan (Reservoir Books), la nueva novela que Florencia Werchowsky escribió apelando a una parte jugosa de su biografía: sus años de formación en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.


¡Ese charco sí que habla! Porque puede ser que, de algún modo, las bailarinas tengan la palabra cercenada, pero en su imagen agridulce esas aguas, esos cisnes, dicen mucho aquí. La ficción lo ubica en el subsuelo del gran coliseo argentino y hasta él aspiran a llegar los estudiantes de la escuela de danza para codearse con los bailarines de verdad y tirar en él la colilla de un cigarrillo fumado a las apuradas, en medio de una discusión gremial. Como “el charco”, otros elementos, escenas, personajes de esta trama tejida con punto encantador habilitan al lector a jugar un “verdadero o falso” sobre la vida (personal e institucional) de una bailarina del Teatro, desde que llega a la gran ciudad de la mano de su mamá hasta cumplir el sueño… de ambas.


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