Todo por dos pesos

RESEÑA DE EL TELO DE PAPÁ EN LA REVISTA Ñ.

Ñ

Por Gustavo Valle

La memoria de la infancia y adolescencia, la tracción autobiográfica de los ochenta y noventa, el relato del pasado o la organización arbitraria de episodios en forma de narración o novela. Pero también, o al mismo tiempo, el benévolo cuadro de costumbres de un pueblo en la Patagonia, las postales de una sociedad y sus habitantes, esa galería de anécdotas que circundan la cotidianidad de una pequeña familia cuyo padre judío y peronista decide montar un albergue transitorio a un costado de la ruta. El cuadro se completa con las liturgias de la micropolítica de cumpleaños, asado y choripán, la elección de la reina de la pera, las infidelidades de la maestra de la Unidad Básica o las relaciones de autoridad entre mucamas y patrones.


Este es el universo en el que nace y crece Florencia, personaje y autora de este libro de memorias, relato de educación sentimental y familiar, y también reflejo de ese país que recibe a Menem con una sonrisa y flores en la mano, mientras el candidato baja canchero las escalerillas de la avioneta. Todo esto contado desde esa voz de mujer que se hace niña, o niña que se está convirtiendo en mujer o de mujer que deliberadamente arranca episodios del cajón de los recuerdos para armar esa red de eventos que explique su lugar en el mundo o cuando menos guíe su llegada a la adultez. La novela de Florencia Werchowsky sirve como una hoja de ruta familiar y social para la narradora, también para la construcción del personaje en que se convierte la autora, y además para la composición de un relato que con frecuencia se celebra a sí mismo con la participación cuantiosa de personajes, subpersonajes y toda clase de situaciones incidentales o periféricas, muchas veces tragicómicas o aparatosas. Chismes, rumores, habladurías, hechos de la historia oficial y extraoficial de un pueblo, datos, acopio de sucesos que dibujan el entorno de una familia de clase media comerciante pionera de un receptáculo de placer culposo en la frontera con Chile. Un albergue transitorio, un telo, convertido en fuerza de gravedad para el proyecto familiar, y cómo esto otorga un sentido de cohesión emocional, el negocio como vértice de sus sensibilidades. Y mientras tanto una hija que crece y se hace bailarina y emprende, como en esas películas yanquis en las que migran del campo a la ciudad para abrirse paso, viaje a Buenos Aires. Libro de formación-volumen de memorias en el que la subjetividad de la narradora se construye de afuera hacia adentro, y en el que la relación familiar, más que la amistad o el amor, es fundante. Todo contado sin demasiada psicología ni rendición de cuenta, sin recurrir a la confesión desmoralizadora, a la exhibición testimonial ni a suspicacias lúbricas, más bien con abundantes dosis de compasión, inocencia e instinto. Y junto a Florencia (y su padre y su madre) el auge y la decadencia no sólo de un emprendimiento económico sino de un país que se desliza, sin solución de continuidad, de la democracia liberal al Todo por 2 pesos.


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